Comenzar un relato de este calibre no me ha resultado nada fácil y, menos cuando se trata de contar cómo un ser humano se puede ver obligada a solicitar la eutanasia a la temprana edad de 25 años.
Vivimos en una sociedad egoísta, sucia, envidiosa, mentirosa, donde los valores que nos inculcaron las generaciones anteriores se han quedado totalmente obsoletos; nadie ayuda a nadie, lo más preciado que tenemos, que es la vida, no tiene ningún valor. Hoy día, por desgracia, quitar una vida sale barato.
No voy a escribir más, no tengo fuerzas y no me da la gana regalar un minuto más a estos asesinos que han llevado a un ser humano en la flor de la vida a pedir que se la quiten por convivir con seres INHUMANOS.
Espero y deseo que donde vas, encuentres esa PAZ que aquí entre todos te quitaron.
